Cuando a Ringo Starr le preguntaron recientemente sobre la vida en la carretera, compartió una de las reglas más sencillas de los Beatles para los viajes largos en furgoneta: si alguien se tiraba un pedo, tenía que admitirlo.
Es el tipo de historia que suena demasiado ridícula para ser cierta. Sin embargo, músicos desde Brian Johnson de AC/DC hasta St. Vincent y Dave Grohl han intercambiado anécdotas similares en entrevistas y en el documental What Drives Us.
Si te tiras un pedo, admítelo. – @ringostarrmusic #fartvan#WHATDRIVESUS dirigido por Dave Grohl se estrena el viernes 30 de abril!!!
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Está claro que casi todas las bandas de gira tienen su propia versión de esta conversación.
La broma no va realmente sobre tirarse pedos. Aunque, quizás para Ringo, sí lo sea…
Pero esto habla más de lo que ocurre cuando un puñado de personas elige pasar semanas, o meses, viviendo juntos en un espacio apenas más grande que un vestidor.
La mayoría de los fans viven los 90 minutos que la banda pasa en el escenario. No ven las cientos de horas dentro de furgonetas, salas de backstage, habitaciones de hotel, terminales de aeropuerto, áreas de descanso de camiones y estacionamientos. Esos son los lugares donde las bandas se convierten en familia, para bien o para mal, y los momentos en que la relación se profundiza para dejar espacio a la magia que ocurre en el escenario.
Parece que la “Etiqueta de Gira” (si es que existe) no es nada glamurosa, pero es una de las habilidades más importantes que un músico puede desarrollar. Los pequeños hábitos que parecen insignificantes el primer día suelen ser lo que todo el mundo recuerda a la tercera semana.
Así que, gracias a Ringo (y a todos los demás) por reabrir uno de los debates más antiguos de las giras, aquí van cinco recordatorios que vale la pena guardar junto a la funda de la guitarra.
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La famosa regla de Ringo no va realmente sobre pedos. Va sobre la responsabilidad.
¿Dejaste tu taza de café mohosa en la furgoneta durante dos días? Admítelo. ¿Olvidaste llenar el tanque de gasolina? Admítelo. ¿No llegaste a tiempo para la carga del equipo? Admítelo. ¿Despertaste a todos porque tu alarma estuvo sonando cinco minutos? Admítelo.
Todas las bandas cometen errores. En cada gira hay momentos en que alguien olvida algo, rompe algo, pierde algo o crea una situación incómoda. Las bandas que sobreviven no son las que evitan esos momentos, sino las que no gastan energía fingiendo que nunca ocurrieron. Eso genera secretismo y animosidad, que pueden cocerse a fuego lento sin resolverse y crispar a la gente.
El camino más rápido hacia adelante suele ser el más simple: admítelo, ríete y sigue conduciendo.
Y, por favor, tómatelo con calma con los burritos de microondas de la gasolinera, tío. Ya basta.
La cuestión de estar de gira es que casi nunca estás solo. A menos que estés en una gira en solitario, prácticamente cada momento de vigilia es social. Cualquier oportunidad de privacidad es un lujo que sería tonto no aprovechar.
Una siesta en el camerino. Saltarte la prueba de sonido unos minutos mientras el batería chequea cada tambor. Un paseo matutino en tu día libre.
Hay una señal universal que toda banda conoce muy bien para cuando alguien necesita un momento a solas:
Si alguien está mirando por la ventana de la furgoneta con los auriculares puestos, viendo los campos de maíz difuminarse en el horizonte, déjalo en paz. Las giras largas te enseñan que no todos los silencios necesitan llenarse. Algunos recargan pilas hablando, otros desapareciendo en una lista de reproducción, un libro o el paisaje que pasa fuera de la furgoneta.
Ser un buen compañero de viaje no consiste en una conversación constante. Consiste en reconocer cuándo alguien necesita compañía… y cuándo necesita silencio.
Todo músico de gira conoce a la persona que de alguna manera desaparece cuando toca descargar el remolque. No seas esa persona.
Ayuda a cargar el equipo. Ofrécete a conducir si tienes seguro. Compra cafés en la próxima parada de gasolina. Dedica diez minutos a ayudar a enrollar cables en lugar de mirar el móvil. Estos gestos no salen en los titulares, pero moldean cómo la gente recuerda haber girado contigo.
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Una furgoneta de gira no es solo transporte, es básicamente tu salón, tu dormitorio ocasional, tu oficina, tu comedor y tu espacio social compartido durante semanas enteras.
Eso significa que cada envoltorio de cecina que dejas atrás, cada toalla mojada tirada al suelo, cada cable de conexión estirado por el pasillo y, sí, cada olor sospechoso, acaba convirtiéndose en el problema de otro. Mantener limpios los espacios compartidos no es realmente por la limpieza, es por comunicar a los demás que valoras su derecho a ocupar el mismo espacio que tú.
Esos pequeños actos de consideración comunitaria tienen la curiosa capacidad de hacer que los viajes largos parezcan un poco más cortos.
El talento pone a las bandas en la carretera, pero el carácter las mantiene allí. Todo músico ha tocado con alguien increíblemente talentoso que era agotador para viajar. Del mismo modo, casi todos conocen a alguien que no es necesariamente el músico más llamativo de la sala, pero al que siguen llamando porque es fiable, positivo y fácil de tratar.
Eso es profesionalidad. Y si buscas crear una fuente sostenible de oportunidades de gira para ti, la profesionalidad es una de las formas de conseguirlo.
Las giras tienen una forma de revelar quiénes son realmente las personas. No hay muchos lugares donde esconderse cuando compartes comidas, sorteas retrasos, resuelves problemas, duermes demasiado poco e intentas dar lo mejor de ti cada noche.
Es fácil reírse de la “regla del pedo” de Ringo Starr, que tiene décadas de antigüedad. Eso es parte de lo que hace la historia tan memorable. Toda banda de gira acaba descubriendo que estas reglas no escritas van más allá de funciones corporales, aperitivos, listas de reproducción o a quién le toca conducir.
Aprende a reírte de tus errores, comunícate con honestidad y mantén la furgoneta en marcha, y te irá bien.
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